Luego de mucho tiempo volvimos a un restaurante con cocina internacional con una variada gama de platos. Nunca habiamos estado antes como ACAM, aunque algunos recordabamos haber ido en otras ocasiones. La concurrencia llenaba el lugar y tanto la ambientación como la iluminación y el mobiliario, siguen teniendo un buen nivel y el conjunto resulta agradable y acojedor.
El punto más alto en este sentido es la atención, con mozas muy buenas y muy buenas mozas que a pesar de la gran demanda mantienen una sonrisa y una muy amable disposición para atendernos y para reirse de nuestras bromas, e incluso hacernos reir a nosotros con alguna ocurrencia.
La comida esta es de una calidad y presentación mas que recomendable, y lo que es más importante, resulta abundante en general, respetando el espíritu familiar que puebla sus mesas. La carta es tan amplia que hace difícil la elección, y acertamos con una fantástica tortilla y con unas rabas al tono.
Luego la dispersión de gustos y sabores que ya es común entre nosotros, y una carta de vinos y postres que coronan una noche, en la que nuestra cofradía disfrutó de una buena cena, sin pagar más que en otros lugares de menor valía.






